Por el contrario, la comparación constante en redes sociales erosiona la confianza e inhibe la producción natural de oxitocina. Otro aliado del bienestar es la gratitud. A menudo, nuestros pensamientos se centran en lo que falta o lo que va mal. Cultivar el aprecio y expresar gratitud —por ejemplo, recordando tres cosas positivas de tu día antes de dormir— calma la mente y te ayuda a ver la vida desde una perspectiva más amable y optimista.
En tu plato,
prioriza los alimentos integrales y mínimamente procesados. La oxitocina no se produce directamente de lo que comemos, pero para que circule correctamente, el cerebro necesita mantenerse sano. Los carbohidratos refinados (azúcar, pan blanco, bollería, refrescos, cereales procesados, zumos de fruta, etc.) provocan picos bruscos de azúcar en sangre, lo que aumenta la inflamación, el estrés oxidativo y la resistencia a la insulina: los tres enemigos del cerebro, recuerda la Dra. Georgia Ede.
Evite también los aceites vegetales refinados (girasol, maíz, soja, colza, etc.), ricos en ácido linoleico (omega-6) y fácilmente oxidables. Consumirlos en exceso, junto con los ácidos grasos omega-3, aumenta la inflamación cerebral. «La mayoría de estos aceites no habrían existido antes de la Revolución Industrial: extraer y refinar aceite de maíz, aceite de semilla de uva u otros aceites de semillas oleaginosas era prácticamente imposible sin máquinas y químicos», señala el psiquiatra. Por último, evite los alimentos ultraprocesados, que suelen estar repletos de estos ingredientes, son bajos en micronutrientes y están repletos de aditivos que debilitan el cerebro y alteran el equilibrio emocional.
Mantén un buen humor y una energía plena con serotonina.
Discreta pero esencial, la serotonina, conocida como la “hormona de la felicidad”, regula el estado de ánimo, la energía y el sueño. ¿Su principal estimulante? La luz del día. Al despertar, tomar un café en el balcón, salir al jardín o dar un paseo corto, incluso en invierno, envía una potente señal al cerebro. TJ Power recomienda de cinco a diez minutos bajo un cielo despejado, quince minutos en días nublados y hasta treinta minutos cuando el cielo está muy cubierto. Pasar tiempo al aire libre alrededor de la hora del almuerzo prolonga este efecto revitalizante.
“Un sueño profundo y reparador restablece el equilibrio de la serotonina”.
Durante el día, acumular al menos una hora de luz natural, incluso en ráfagas cortas, optimiza la producción de serotonina. Por la noche, atenúa las luces: un ambiente suave, como el del atardecer, prepara el cuerpo para la relajación. Esta transición indica al cerebro que convierta gradualmente la serotonina en melatonina, la hormona del sueño.
Un sueño profundo y reparador completa este círculo virtuoso: restablece el equilibrio de serotonina y mejora la energía y el estado de ánimo al día siguiente. Otra herramienta muy eficaz es la naturaleza. Caminar entre los árboles, sin teléfono ni auriculares, favorece la producción de serotonina, reduce el estrés y regula el sistema nervioso. Esto es “shinrin-yoku”, el famoso “baño de bosque” japonés. Además, las coníferas liberan fitoncidas, que ayudan a fortalecer el sistema inmunitario. TJ Power recomienda tres salidas a la semana, solo tú, tu respiración y la tranquilidad del bosque.