Si ha notado una decoloración amarilla o marrón amarillenta en su salmón descongelado, especialmente en los bordes o en las zonas grasas, lo más probable es que se deba a la oxidación de las grasas naturales del pescado, no a su descomposición. A continuación, le explicamos qué sucede y si el salmón aún es seguro para comer.
La causa: Oxidación de la grasa (no descomposición)
El salmón es rico en ácidos grasos omega-3 saludables, que pueden oxidarse al contacto con el aire, la luz o las fluctuaciones de temperatura durante la congelación y la descongelación. Esta reacción química hace que la grasa se torne amarilla, ámbar o incluso marrón claro, similar a cómo se dora una manzana al cortarla.
Esto es especialmente común si:
El salmón estuvo congelado durante mucho tiempo (más de 2 o 3 meses).
No se selló al vacío antes de congelarlo.
Estuvo expuesto a fluctuaciones de temperatura (por ejemplo, descongelación parcial en el congelador).
Buenas noticias: Esta decoloración suele ser inofensiva y no significa que el pescado esté en mal estado, siempre que huela fresco.
Cuándo tener cuidado: Señales de deterioro real
Antes de cocinar, preste atención a estas señales de advertencia:
Seguro (oxidación)
Inseguro (descomposición)
Olor leve a océano
Olor fuerte, agrio, parecido al amoníaco o a “podrido”
Textura firme
Superficie viscosa, blanda o pegajosa
Amarillo solo en las zonas grasas
Película gris, verde o lechosa extendida
Recién congelado (<3 meses)
Congelado durante más de 6 meses y mal envasado