—Dije que lo pensaría.
Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros como un peso.
—Dijiste que pensarías en dar en adopción a uno de nuestros hijos —repetí, asegurándome de haber entendido bien—. Sin hablarlo conmigo. Sin siquiera mencionármelo.
—¡No pensé que realmente aparecería así! —dijo a la defensiva—. Pensé que solo eran palabras. Pensé que tendríamos tiempo para hablarlo bien después de que te recuperaras.
—Hablar sobre si dar en adopción a nuestro hijo.
—¡También es mi sobrino! ¡Karen es mi hermana! ¡La familia se ayuda entre sí!
Lo miré fijamente durante un buen rato, lo observé con atención, y me di cuenta de que por primera vez veía con claridad.
—Tu madre me agredió horas después de una cirugía mayor —dije—. Intentó secuestrar a nuestro hijo recién nacido. ¿Y tu respuesta es defenderla porque «la familia se ayuda entre sí»?
—No estoy defendiendo lo que hizo —protestó—. Pero sigue siendo mi madre. Y nunca le dijiste que eras juez. La dejaste creer que no eras nadie. Quizás si lo hubiera sabido…
—¿No habría intentado robar a mi bebé si hubiera sabido que yo tenía poder? —lo interrumpí—. ¿Ese es tu argumento? ¿Que es aceptable agredir y robar a la gente siempre que parezcan débiles?
No supo qué responder.
El jefe Ruiz se acercó con otro agente.