Buenos días”, respondió ella bajando la mirada para ocultar el rubor. Alesandro caminó hacia ellos, observando a Alessio alimentarse con una expresión que desnudaba todos los miedos que nunca decía en voz alta.
“Quiero hablar contigo”, dijo finalmente. “De todo, de quién soy, de lo que viene. Quiero que escuches la verdad, no rumores.” Mariana asintió. Estoy lista. Alesandro respiró hondo, como si fuera a abrir un capítulo que llevaba años guardado bajo llave.
Mi padre era un hombre brutal. Su única lealtad era hacia el poder. Mi madre murió cuando yo tenía ocho. Nunca supimos si fue por enfermedad o por él. Mariana sintió un escalofrío.
Lo siento. Él negó. No quiero lástima. Solo quiero que entiendas por qué soy como soy. ¿Por qué construy un imperio para no repetir la vida que tuve? Se acercó más.
Pero cuando Bianca quedó embarazada, pensé que podría dejarlo todo. Salir, ser solo un hombre normal. Su voz se rompió apenas y ella murió. Y me quedé solo con Alesio, con enemigos respirándome encima.
Con miedo de perderlo también. Mariana bajó la mirada hacia el bebé. No estás solo, Alesandro. Él la observó como si esas palabras fueran un bálsamo que llevaba años esperando. No, no estaba desde el avión, no desde que apareciste tú.
Mariana sintió que algo dentro de ella seía, como si finalmente dejara de resistirse a algo que había nacido desde el primer instante. “Lo que hiciste, continúa, Alesandro, lo que haces cada día no solo alimenta a mi hijo.
Me da esperanza, me recuerda que puedo ser algo más para él y quizá para ti.” Mariana sintió que el corazón le temblaba. Yo no sé si estoy lista para eso,”, susurró Alesandro.