Dio un paso más, tan cerca que su respiración la rozó. “No tienes que decidir hoy, pero quiero que sepas que sí estoy dispuesto a luchar por ti. Por los dos.” Mariana abrió la boca para responder, pero un estruendo afuera los interrumpió.
Voces, pasos rápidos, órdenes. Renzo apareció en la puerta tenso. Jefe, tenemos un problema. Alesandro cambió por completo. Su expresión se endureció como acero. ¿Qué pasó? Interceptamos un mensaje. Los vital planean moverse esta misma noche y no vienen a negociar.
Mariana apretó a Alessio instintivamente. ¿Qué quieren? Renzo la miró con honestidad brutal. Quieren raptarte a ti y al niño. El mundo de Mariana se paralizó. Alesandro dio un paso al frente, su presencia llenando la habitación como sombra protectora.
“Que lo intenten”, dijo con una calma peligrosa. “No tocarán ni un cabello de ellos.” Renzo bajó la voz. Salvatore Vital no actúa sin un plan. Si dice que viene, vendrá preparado.
Pues yo también, respondió Alesandro. Mariana lo vio transformarse en ese instante. Ya no era el hombre vulnerable que le contaba su pasado. Era el don, el líder, la tormenta. Preparen la casa.
Refuercen accesos. Nadie entra ni sale”, ordenó Alesandro con voz baja pero firme. Renzo asintió y salió corriendo. Mariana, con el corazón acelerando, lo miró. “Esto está pasando por mí.” Alesandro negó y se acercó tomando sus brazos con suavidad.
Está pasando porque Vital quiere todo lo que yo amo, pero no lo tendrá. No lo permitiré. Mariana sintió que las piernas le temblaban. No quiero que nadie muera por mi culpa.
No es tu culpa, dijo él. Es mi decisión protegerte, mi decisión luchar y también es mi lugar. Ella lo miró a los ojos. Él sostuvo su mirada sin parpadear. Y en ese momento, sin pensarlo demasiado, Mariana dijo algo que los dos necesitaban oír.
Alesandro, tengo miedo. Él la atrajó hacia sí lentamente, dejándole espacio para retroceder si quería. Pero Mariana no retrocedió. Su frente tocó la de ella, sus respiraciones mezclándose. “Entonces, quédate cerca de mí”, susurró Alesandro.