Alesandro habló despacio. Los vital no quieren negociar. No quieren un acuerdo. Lo que buscan es hacerte daño. Mariana apretó al bebé contra ella. ¿Por qué? Yo no tengo nada que ver con su mundo.
Tienes todo que ver, dijo Alesandro con seriedad. Me viste vulnerable. Alimentaste al heredero y eso en nuestra tradición te convierte en un símbolo, en alguien valioso y peligroso para mis enemigos.
Mariana retrocedió un paso, pero yo no pedí nada de eso. Alandro se pasó una mano por el cabello. Lo sé, pero el mundo donde yo crecía, según lo que uno pide.
Mariana lo miró fijamente. ¿Qué quieren exactamente el hospital? La mirada de Alesandro se volvió hielo. Quieren usar tu vida para forzar la mía. Mariana sintió que el corazón se le detuvo.
No por eso continuó Alesandro. Necesito que entiendas algo. No puedo permitir que te vayas todavía. Si sales de esta casa sin protección, no llegarás muy lejos. Mariana sintió un nudo en la garganta.
Entonces, ¿estoy atrapada aquí? No atrapada, corrigió él, acercándose despacio. Protegida. Quiero que estés segura. Quiero que estés viva. Mariana sintió un cosquilleo recorrerla cuando él se detuvo a solo 1 cm.
Y Alessio te necesita”, añadió Alesandro en un susurro. El bebé, como si entendiera, emitió un pequeño sonido y se acomodó mejor en su pecho. Mariana bajó la mirada hacia él.
“Yo también lo necesito”, admitió en voz baja sin querer. Alesandro la miró con intensidad. “Mariana, no puedo seguir ignorando esto. Entre tú y yo hay algo que va más allá de la tradición.