muy apenas. Una caricia suave en su mejilla, ligera, casi temerosa. “No voy a dejar que nada te pase”, dijo él con una convicción que la desarmó. “Ni a ti ni a Alesio.” Mariana sintió el corazón acelerarse, pero antes de que pudiera responder, Renzo Carraspeó desde la puerta.
“Tenemos que irnos, Alesandro.” Alesandro retiró lentamente su mano del rostro de Mariana. aunque sus ojos se quedaron un segundo más. “Quédate cerca del bebé. Volveré antes de que amanezca.” Mariana lo vio irse sintiendo un vacío inesperado en el pecho.
Horas después, en las profundidades de la noche, Mariana iba de un lado a otro en su habitación. No podía dormir. El silencio de la mansión no era normal. Era un silencio cargado, tenso, que la obligaba a escuchar cada pequeño ruido del exterior.
Alexio dormía profundamente gracias al alimento y a que su cuerpo por fin estaba recuperando fuerzas. Mariana vigilaba su respiración con una dedicación absoluta. A la 1:43 de la mañana, un sonido en el pasillo la hizo saltar.
Pasos rápidos, urgentes. Esteban tocó la puerta. Señorita Torres, ¿está despierta? Mariana abrió apenas lo suficiente para ver su rostro. Serio, pero no alarmado. Sí, ¿pasó algo? El señor Manceli está de regreso dijo Esteban.
Todo está bajo control. Mariana soltó un suspiro que no sabía que sostenía. Está bien. Sí. Esteban asintió. Pero necesita verla. El corazón de Mariana dio un vuelco a mí. ¿Por qué dijo que es importante?
Mariana tomó a Alesio en brazos. Si Alesandro la necesitaba, no pensaba ir sola. Al bajar a la sala principal, Mariana se encontró con una escena que la dejó sin palabras.
Alesandro estaba en pie con el saco colgado sobre una silla y la camisa manchada ligeramente con polvo y rastro de pelea. No parecía herido, pero sí agotado. Cuando la vio, su rostro se suavizó.
Mariana. Ella se acercó con Alessio apoyado en su pecho. ¿Qué pasó? ¿Estás bien?”, preguntó ella, olvidando por un segundo todo lo que lo rodeaba, todo lo que él representaba. Él la miró con una mezcla de cansancio, alivio y algo más.
“Sí, estoy bien, pero quiero explicarte algo, algo que ya no puedo seguir evitando. ” Renzo cerró la puerta con llave desde dentro. Esteban se quedó en una esquina vigilante. Mariana sintió que iba a escuchar algo decisivo.