La reacción del Dr. Peterson fue de sorpresa, luego de confusión, y finalmente algo parecido a la ira al comprender la situación.
La verdad médica
Consultó el historial médico de Grace en su computadora, revisando notas de dos años atrás.
Luego reveló información que
Aquello heló la sangre de la madre.
A Grace nunca la habían declarado legalmente con inactividad cerebral. No oficialmente. No constaba en ningún documento médico.
Sí, había tenido una infección grave. Había presentado síntomas preocupantes y un período de disminución del nivel de conciencia. Pero también había habido señales de respuesta neurológica durante todo su tratamiento.
Pequeñas señales, tal vez. Indicadores sutiles. Pero reales y medibles.
La recuperación no estaba garantizada. Los médicos habían sido cautelosos al hacer promesas. Pero tampoco era una situación desesperada. Había motivos legítimos para tener esperanza.
Neil había solicitado ser designado como la persona que tomaría las decisiones principales sobre el cuidado de Grace durante un período en el que la madre estaba demasiado afectada emocionalmente para participar en las conversaciones médicas.
Los médicos accedieron, pensando que él la mantendría informada y la involucraría en las decisiones importantes.
En cambio, Neil había gestionado el traslado de Grace a un centro privado. Le dijo al personal médico que informaría a su esposa una vez que su hija se estabilizara, una vez que hubiera información más clara sobre su pronóstico y el tiempo de recuperación.
El Dr. Peterson había dado por sentado que esta comunicación se había producido. Confiaba en que la familia tomaba decisiones en conjunto.
Nunca supo que Neil le había dicho a su esposa que su hija había fallecido.
La confrontación