La mañana después de la boda olía a lirios, perfume caro y un poco

Kristina sintió que algo se rompía en su pecho.

—Entonces, lo de ayer… ¿fue todo una mentira?

—¡No! —Dio un paso brusco hacia ella—. Te amo.

—Eres un mentiroso, Artem.

Guardó silencio.

Y ese silencio fue peor que cualquier confesión.

—¿Quién es ella? —preguntó Kristina.

—Es… una historia complicada.

—Quiero oírla.