Y en ese momento, todo quedó claro.
—Es verdad —susurró ella.
Él se pasó la mano por la cara.
—Iba a decírtelo.
—¿Cuándo? —preguntó con voz quebrada.
—Después del viaje.
Ella rió. Amargamente.
—¿Después de la luna de miel? ¿En serio? —No es tan sencillo…
—¿Está viva? —preguntó Kristina bruscamente.
Bajó la mirada.
—Sí.
Silencio.
—¿Tú… no te has divorciado? —preguntó ella en voz baja.
—No vivimos juntos desde hace dos años.
—Pero estás casado.
—Técnicamente, sí.