La mañana después de la boda olía a lirios, perfume caro y un poco

Miedo.

Cuando entró en la habitación, Artem ya estaba despierto.

Estaba de pie junto a la ventana, con una camisa y una taza de café.

—¿Dónde has estado? —preguntó, girándose—. Me desperté... no estabas.

Ella se quedó paralizada.

—Salí a tomar un café.

Él sonrió.

—Tomamos café.

Ella tragó saliva.

—Quería dar un paseo.

Él se acercó y la abrazó.

Y aquel contacto le resultó extraño.

—¿Estás bien? —preguntó.

Ella lo miró a los ojos.

Y por primera vez, vio... algo desconocido.

—Artem... —dijo en voz baja—. Has estado casado antes.