Bailó con su amante embarazada, creyendo que había arruinado a su esposa, hasta que ella detuvo la fiesta y reveló su perfecta venganza.

«¿Lista para irnos?», preguntó Rosa.

Elena negó con la cabeza, sonriendo levemente.

«No. La noche apenas comienza».

Esa noche, Elena demostró

Que la venganza no se trata solo de emoción, sino de precisión, paciencia y poder.

Y en un mundo que intentó apagar su luz, se volvió imparable.