Porque lo que fuera que había estado pasando…
no empezó hoy.
—¿Cuánto tiempo llevas así? —pregunté con cuidado.
Dudó. —Desde ayer.
—¿Se lo dijiste a tu madre?
Asentió levemente.
—¿Y qué te dijo?
—Dijo que estaba exagerando.
Esa palabra se me quedó grabada.
No en voz alta. No violenta.
Pero pesada.
Porque significaba que no era solo un momento, sino algo que se repetía, algo que la hacía cuestionar sus propios sentimientos.
Algo que le enseñaba a guardar silencio.
—¿Puedes enseñármelo? —pregunté.
Se quedó paralizada.