“Puedes quedarte todo el tiempo que quieras”, dijo. “Encontraremos una solución. Paso a paso”.
Me dolía el brazo. Me dolía el pecho. Lloré por la vida que creía tener.
Pero bajo las lágrimas se escondía un silencioso alivio.
Esta fiesta de cumpleaños fue la última que le organicé.
Y el primer día del resto de mi vida.