—Gracias, mamá Carol, por todo el apoyo que nos has dado a Ashley y a mí.
Ni siquiera me miró. Era como si yo fuera invisible en mi mesa.
Ashley se acercó corriendo con su vestido rosa.
—¿Viste? ¿Viste lo que dijo Ethan? Estoy tan feliz.
Se aferró al brazo de su nuevo esposo.
—Cariño, mi mamá está planeando una luna de miel sorpresa para nosotros. Tres semanas en Europa. ¿Puedes creerlo?
Ethan la besó apasionadamente.
—Tu mamá es increíble. Siempre piensa en nosotros.
Y allí estaba yo, la mujer que había pagado 19.000 dólares por esta boda, viendo cómo celebraban los regalos de otra persona. Carol tenía propiedades, negocios prósperos, contactos importantes. Yo solo tenía la cuenta bancaria vacía y el corazón destrozado.
La fiesta continuó. Ethan y Ashley bailaron su primer baile como marido y mujer. Carol los grabó con su teléfono, emocionada como una abuela orgullosa. Yo permanecí sentada, viendo a mi hijo vivir el día más importante de su vida sin siquiera percatarse de mi presencia.
Alrededor de la medianoche, decidí irme. Me acerqué a Ethan para despedirme.
"Me voy, hijo. Fue una boda preciosa".
Apenas levantó la vista de su conversación con las amigas de Ashley.
"Ah, sí. Gracias por venir".
Como si yo fuera una invitada más. Como si no hubiera financiado cada detalle de la celebración.
Ashley me interceptó de camino a la salida.
"Stephanie, antes de que te vayas, quería pedirte un favor". Mi corazón se llenó de esperanza. Quizás quería agradecerme. Quizás quería reconocer mi sacrificio.
“Ethan y yo planeamos comprar una casa después de la luna de miel. Una grande con jardín en un barrio exclusivo. Sabemos que tienes algunos ahorros más.”
Me quedé helada.