Bloqueé cuentas.
Lo detuve todo.
Cuando Diego llamó, estaba furioso.
“¡Me estás destruyendo!”
“No”, dije con calma. “Te están utilizando”.
Colgó.
Dos semanas después, en el juzgado…
La verdad salió a la luz.
El testamento falso fue anulado.
Se inició una investigación.
Esa tarde, volví a mi casa.
No como visitante.
Como dueña.
Cambié las cerraduras.
S
Lo arreglé todo.