Por primera vez desde que llegó, oí su voz, baja, casi susurrada.
«Lo decía en serio».
No lo miré.
Pasé la página.
Había más documentos con la carta: documentos formales.
Los hojeé y me detuve. Cada página tenía fechas recientes y referencias a cuentas, propiedades y saldos. Tres palabras destacaban:
Liquidado.
Resuelto.
Recuperado.
Lo miré. «¿Qué es esto?».
«Lo arreglé».
Lo miré fijamente. «¿Todo?».
Asintió. «Pero me llevó un tiempo».
Eso era quedarse corto.
Miré la última página.