Protege no solo el cuerpo de tu hijo, sino también su bienestar mental: evita reproches, vergüenza o decirle que es una señal de falta de higiene. Momentos como estos pueden ser una valiosa lección de resiliencia en lugar de una fuente de miedo.
No estás demostrando debilidad, estás aprendiendo. Cuando te informas y el pánico disminuye, tú y tu hijo se sienten más tranquilos, seguros y fuertes.